En 2018 se nos propuso a varios fotógrafos bajo el comisariado de Ana Moyano, realizar un proyecto fotográfico partiendo de una fotografía antigua en que se podía observar  el cauce de un río y un puente que lo cruzaba. En mi caso utilicé  la imagen de archivo como punto de partida, mi interpretación no fue literal.  El cauce de un río y la imagen de un puente en ruinas me condujeron a  la idea de límite, una  frontera geográfica donde en ocasiones suceden varias realidades, cercanas en el  espacio y tiempo pero impermeables entre ambas. Con esta premisa empecé a fotografiar en la ribera del río Pisuerga, con el objetivo de generar un relato visual en torno a él y las personas que lo habitan. 

Durante los tres meses de desarrollo del trabajo, sucedió que casi siempre acababa en el mismo punto, repitiendo las mismas fotografías de días anteriores. Cualquier fotografía antigua nos sitúa en la idea de cambio, de paso del tiempo. El montaje lineal de las imágenes tomadas refleja esta idea y también reproduce en bruto el desarrollo del  proceso fotográfico. Es un diario de lo ajeno, un acercamiento en clave visual a otra realidad tan cercana como extraña.

La exposición se presentó en la sala 0 del Museo de Arte Contemporáneo de Valladolid Patio Herreriano