Hay personas cuyas vidas son una sucesión de altos de un camino que ellas no empezaron y que no llegarán a terminar.
Son personas que aún poseen cosas, pocas quizá, en lugar de ser poseídas por ellas. Que no claudican a la tiranía de lo civilizado y cuya primera ley es la palabra. Personas espontáneas y naturales, salvajes incluso, que se niegan a entender el concepto de “tiempo libre” porque qué tiempo no lo es, en realidad. Personas para las que su única patria es su familia.
Incluso en esta inmutable y perpetua Castilla viven personas en constante movimiento que nos recuerdan, por contraste con nuestras ansias de permanecer, lo ineludible del cambio y de la incertidumbre. Llegan, hacen lo que han venido a hacer, se van. Simplemente han cambiado las miserias que todos tenemos por otras distintas.
Ricardo Suárez es una de estas personas, y entre marzo y mayo de 2012 fotografió a una familia nómada en su campamento temporal de chabolas en Casasola de Arión (Valladolid). Su lenguaje visual, apoyado sobre todo en el retrato y el paisaje, se acerca formalmente al documental para contar otra cosa, más personal y subjetiva, haciendo así, de alguna manera, una suerte de periodismo de sus propias obsesiones.
* Texto de Álex Izquierdo
